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Felipe Cano. Catedrático de Matemática Pura y precandidato al Rectorado de la UVa
Sábado 22 de marzo de 2014

«La Universidad necesita una pequeña revolución.Y yo estoy dispuesto a hacerla».
Hace tan solo una semana se manifestaba convencido «a un 90%» de presentar su candidatura a rector, pero apenas siete días más tarde Felipe Cano (Valladolid, 1957) ya entra a fondo en campaña. Con propuestas concretas y con críticas, y sabiendo de antemano que parte con el matiz –se verá si ventaja o desventaja– de ser el único de los precandidatos que no ha formado parte de ningún equipo rectoral hasta la fecha. «Aunque no he tenido cargos de gestión, sí que los he tenido en investigación. He conocido la gestión de estructuras de la universidad, como el Centro Tordesillas de Relaciones con Iberoamérica, y eso me ha hecho ser consciente de las deficiencias de la gestión de la UVA», explica.

Está convencido de que su posición de ‘novato’ le otorga, además, un grado de ventaja respecto a sus futuros competidores. «Es un motivo de esperanza para todos los miembros de la universidad, porque lo que digo que voy a hacer, los que me conocen saben que soy testarudo y lo voy a hacer. Y los demás, no me pueden decir que no lo he hecho porque será nuevo».

Esa es el arma que esgrimirá, seguro, en la contienda electoral este catedrático de matemática pura. Ya la esboza en alguno de sus planteamientos. «Han faltado iniciativas. Muchos equipos que han llevado la universidad pensaban más en ellos mismos que en la propia universidad y consideraban las iniciativas, si no eran propias, como de segunda clase».

Dicho de una manera mucho más directa.

«Las personas que han tenido responsabilidad deberían explicar, si veían un problema y hoy nos dicen que lo van a resolver, por qué no lo han resuelto antes».

Una andanada directa tanto al actual rector, Marcos Sacristán, como al aspirante a candidato Daniel Miguel, que formó parte del equipo rectoral de Evaristo Abril.

Dicen quienes siguen el proceso electoral recién iniciado que Felipe Cano está dando pasos firmes desde hace mucho tiempo.Presume de apoyos con renombre y de otras áreas distintas a la suya, como Ricardo Martín Laguardia y Santiago Hidalgo, y se ha movido mucho para dar a conocer su posible candidatura. Ha querido hacer un equipo multidisciplinar, quizá para quitarse la etiqueta de candidato de Ciencias. Y acude a la entrevista con un esquema manuscrito con las ideas que quiere dejar claras. Sobre todas ellas, destacan dos. La necesidad de acabar con los desequilibrios de plantilla y la obligación de organizar una estructura adecuada para internacionalizar la UVA.

«Uno de los problemas más graves de la universidad son los desequilibrios de plantilla. Un profesor de universidad debe tener una actividad equilibrada de transmisión de conocimiento y de generación de conocimiento, entendido en sentido muy amplio, no puede ser que la cantidad de horas que tiene que dedicar a actividades que están mal reguladas le impida dedicarse a la parte de investigación. Hay muchas actividades que son universitarias y no se reconocen y los profesores a veces están sobrecargados. Sería bueno que la universidad fuera consciente de ellas y supiera reconocerlas para recuperar la ilusión», argumenta.Eso, la ilusión, es lo que asegura que ha detectado que falta en la actual Universidad de Valladolid. Por cuestiones ajenas, como los recortes, la crisis, las anunciadas reformas de Wert, pero también propias. Como por ejemplo la falta de promoción del personal, a juicio de Felipe Cano. «Respetamos y apoyamos totalmente la promoción de los profesores y del PAS, de la manera adecuada. La mejor manera de que la universidad funcione es que se reconozcan los méritos de cada uno, y a cada uno se le dé lo que le corresponde».

Y eso es complicado en una institución en la que Cano asegura que hay un taponamiento del talento en algunos departamentos. «Tenemos horror a ciertas cosas que están ocurriendo. Una de las causas importantes por la que los profesores de la universidad están desanimados es el desequilibrio demográfico. Hay lugares donde hay profesores envejecidos y una plantilla que puede entrar en colapso y que puede resultar ser una catástrofe para la universidad, y no se tiene prevista ninguna acción seria, coordinada, de gran acuerdo, para afrontar este problema que se nos va a venir encima», dice por un lado. Y por el otro, por el de los más jóvenes, «los investigadores que después querrían ser profesores tienen las puertas cerradas, y eso no puede ser».

Cambio ‘catastrófico’

Felipe Cano no es el único precandidato que habla de que es un momento clave para las universidades. La competencia por los alumnos con otros centros, los cursos masivos a distancia, los dobles grados, la especialización... Muchos frentes abiertos. Cano habla de un momento «catastrófico en sentido matemático», lo que quiere decir «que no todo tiene que ser negativo». Añade, en un juego de palabras, «catártico», para ejemplificar mejor lo que quiere decir. «Van a ocurrir de manera rapidísima una serie de cambios para los que hay que estar preparados.Creo que la universidad necesita una pequeña revolución, y yo estoy dispuesto a hacerla, pero con la prudencia debida. Los que han estado ya a cargo de la universidad, si han hecho una revolución, yo no la he visto mucho. Que todo siga como hasta ahora es un problema, porque las circunstancias, el hecho de que el estado español limite el tamaño de los empleados públicos, o que estemos muchas universidades en Castilla y León en un ámbito regional de 2,5 millones de habitantes... Exigen una pequeña revolución».

Y esta revolución entronca con el segundo gran punto de su programa, que es la internacionalización de la Universidad de Valladolid. Un modo de competir académicamente, de ganar prestigio y, además, de salir al paso del problema denunciado por el comité de expertos designado por José Ignacio Wert, ministro de Educación, que señaló que la universidad española está sobredimensionada. «A mí no me parece que sea necesariamente un problema, puede ser una riqueza. En Valladolid está sobredimensionada la producción de vehículos en Valladolid para la población que tiene la provincia. Y sin embargo estamos muy felices de que la industria del automóvil funcione bien. ¿Qué ocurre?Que en otros lugares del mundo no tienen esa industria, y esos automóviles van para allá y aquí usamos la fuerza que tenemos», pone como metáfora.

«En la Universidad de Valladolid tenemos mucha fuerza. Y hay otros lugares del mundo en los que están deseando recibir lo que nosotros podemos dar. Por eso el marco internacional es imprescindible», añade. Y cuando habla de marco internacional no quiere decir que no existan ya en la UVA grupos de investigación de relevancia internacional. El último, sin ir más lejos, se dejó ver el jueves, cuando las agencias de información de toda España repicaron este titular:«Científicos de la UVA participan en una investigación sobre parásitos de nidos publicada por la revista ‘Science’».

«Lo que pretendemos no es que toda la Universidad de Valladolid sea internacional. Ahora mismo hay muchísimos grupos insertos en el concierto internacional. Pero la mayor parte de las veces no está suficientemente consolidado como una estructura que se pueda ofrecer. Si por ejemplo quisiéramos hacer un grado internacional en matemáticas, no valdría con poner los profesores. Habría que pensar en el calendario, a quién va dirigido, en qué horario se van a dar las clases...», razona. Y para que eso funcione con unos criterios firmes es necesario, a juicio de Felipe Cano, contar con una estructura definida que coordine el proceso y fije unos parámetros comunes. «Quiero que haya un centro de formación internacional y de posgrado que se ocupe de intentar avanzar en la consolidación de todas estas cosas para que al final exista una especie de oferta internacional de la UVA que sea real, que funcione», anuncia.

El prestigio como arma

La ecuación en este caso es sencilla. Todo apunta a que cada vez habrá menos dinero para repartir entre las universidades. El alumnado, con 82 universidades en toda España y con el auge de los cursos masivos a distancia, empieza a escasear. Solo sobrevivirán en esta jungla académica los mejores. Los que más prestigio tengan. «No se trata de ganar dinero, una universidad es algo que se mide por el prestigio que adquiere. No sé quién le dará el dinero a la universidad de Valladolid dentro de 15 años, pero si tiene prestigio, seguro que alguien se lo da», argumenta Felipe Cano.

Ese prestigio, como ocurre con los dobles grados, acaba por atraer a los mejores alumnos. Y ellos, a su vez, aumentan el prestigio de la institución. Un círculo virtuoso en el que entran unos estudiantes que Cano quiere estimular. «Me da mucha pena pensar en alumnos que vienen a la universidad a que les enseñen unas cosas y se vuelven a su casa como si esto fuera una academia. Quiero luchar contra eso directamente, es algo personal. Y que los alumnos, que son partícipes y responsables de la universidad, tengan aquí una escuela de conocimiento, de sabiduría, un lugar donde todas las ideas pueden circular, donde se estimule la curiosidad y que se hagan actividades interdisciplinares que incluso intentaremos reconocer adecuadamente». Con la prudencia, sí, pero con una revolución que se antoja obligada.

1 Mensaje

Un curioso del Bierzo - 26 de marzo de 2014 10:29

Qué tal, stecyl?

¿Y ustedes qué opinan de este reportaje del periódico y las declaraciones de algunos casos que ahí se cuentan?: "La endogamia enferma al campus. El sistema de selección del profesorado universitario lastra la producción científica." (http://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/03/23/actualidad/1395604536_271638.html). Gracias por su trabajo.


 
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